REPORTAJES

La columna de Demian Bichir
10/01/2011, Reportaje de Demian Bichir
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La columna de Demian Bichir

Había llegado a mi habitación en el hotel en Manchester después de haber disfrutado de mi segunda visita a Old Trafford, aunque me quedé con las ganas de ver jugar al Chicharito. Estaba feliz por la experiencia que significa ver jugar a la impresionante maquinaria de Ferguson. 

En ese momento sonó el teléfono. “Diga?”, contesté. “Qué pasó Demian?, habla el Chicharito, estamos aquí abajo en el lobby, vamos a cenar, no?”. “Quiubo Javier! Claro que sí, ahora bajo”. En el lobby estaba la dinastía Hernández. También el gran Ramón Morales, leyenda de Chivas, con su esposa y sus hijos.

Como no había lugar en los restaurants aledaños, nos fuimos a un restaurante italiano que está cerca de la casa de su casa pero lejos del hotel donde me hospedo. El ánimo era inmejorable y en dos autos nos repartimos muy a gusto. La mesa era larga en serio. En la cabecera estaba por supuesto Don Tomás Balcázar, patriarca de la familia y figura induscutible del fut bol mexicano. La cena fue deliciosa pero lo mejor fue la compañía.

El padre del Chicharito también Javién, también Hernández, también Chícharo y también gran jugador, se sentó frente a mí y así pudimos charlar muy sabroso junto con el Chicharito y Ramón. Esa noche me quedó más claro que nunca por qué el Javier es el hombre íntegro y noble que es. Por su familia. Y sólo un ser humano así puede alcanzar alturas insospechadas.

No se llega a ocupar un sitio en el Manchester United nada más con talento. Esta institución basa su mística no sólo en los logros dentro de las canchas sino en la escencia de la gente que la forma. Javier Hernández sabe que va por buen camino pero lo importante es que sabe que apenas es el comienzo y todavía no ha logrado ni siquiera la mitad de lo que quiere y sueña.

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